Sinopsis
Para Ignacio Allende el mayor temor que podía tener era el squeo y la anarquía, pero el 17 de septiembre, tras dar a luz estos movimientos por parte de los campesionos, sin mayor preocupación tomó su sombrero bicorne y enfundó su espada para salir a todo galope a calmar a la muchedumbre, cosa de la que él mismo se asomobró por la rapidez con la que sucedió.


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